Si hay una constante humana es la búsqueda de la belleza. La transformación de la naturaleza es un acto creativo que engrandece el espíritu y hace la vida más acogedora, cálida y hermosa. La talla en madera es una antigua actividad que ha subsistido a lo largo de la historia; como ejemplos, la decoración de anzuelos y pipas de los indios norteamericanos o las extraordinarias piezas con motivos cristianos realizadas en Italia y Francia, durante la Edad Media.
Luciano Preza comprende el lenguaje de la madera y tiene el don de crear arte donde hay troncos rudimentarios. Fue en Orizaba, Veracruz, bajo la guía y supervisión del artista plástico José Luis Ramírez, donde descubrió su pasión: la talla en madera. Su obra consta de escultura, talla en mueble, alto y bajo relieve, escudos heráldicos, decoración, restauración, arte sacro, retratos, marcos, entre otros. Sus trabajos están repartidos en México, Estados Unidos, España y Francia. Actualmente, su taller tiene sede en el corazón de Monterrey, donde trabaja diariamente, escuchando música de Joaquín Sabina y bebiendo café, recordando la tradición veracruzana.
Sólo algunos conocen la intimidad de la madera: es preciso amar el tiempo y el espacio para extraer formas admirables. Del árbol, de ese fragmento de la tierra, Luciano Preza crea un espectáculo para la mirada. Tal vez primero sueña. Despierta con una idea brillando en la imaginación. Explora curvas y líneas ocultas bajo la corteza. Encuentra la suave ondulación de la montaña, la textura de la piel de serpiente, las cuencas de los ojos de una virgen que llora. Entre sus manos también brota el rostro de un ángel, la perfección de un cuerpo de mujer, un cardumen de peces. Con paciencia y maestría, labra toda la divinidad del mundo.
carmen alanis
























